[ESP] Cómo afrontan las organizaciones cafeteras los efectos del cambio climático
La producción de café en Perú se enfrenta a retos cada vez mayores, pero en la Selva Central está surgiendo una respuesta diferente. Las y los productores están adoptando nuevas prácticas para mejorar la productividad, la resiliencia y la gestión de las explotaciones. Gracias a la formación, a las parcelas de demostración y al intercambio de conocimientos entre agricultores, ya se están observando resultados tangibles que están transformando la forma de producir café de manera más sostenible.

La producción cafetalera en el Perú se enfrenta actualmente a retos cada vez mayores. El aumento de la incidencia de plagas y enfermedades asociadas a los efectos del cambio climático, el incremento constante de los costes laborales y la inestabilidad de los precios del café se encuentran entre los principales retos, según el estudio de referencia de 2025 del Grupo de Trabajo de Minoristas Alemanes. Estos factores están afectando directamente a la productividad de las explotaciones, la rentabilidad del cultivo y los ingresos de las familias productoras.
Ante este escenario, seis organizaciones cafeteras de la Selva Central de Perú, en alianza con el Grupo de Trabajo de Minoristas Alemanes (dm-drogerie markt, Kaufland, Lidl y REWE Group), están piloteando estrategias orientadas a mejorar la eficiencia y la resiliencia de las fincas de manera sostenible. El proyecto reconoce los avances logrados por las y los productores organizados, como la gestión técnica y el aumento de la calidad y la productividad del café, pero al mismo tiempo, la necesidad de fortalecer las capacidades locales para generar cambios duraderos. En este contexto, los técnicos de las seis organizaciones han asumido un rol clave, liderando procesos de formación, promoviendo buenas prácticas agrícolas y facilitando espacios de aprendizaje colectivo en los que participan 1.000 productores.

La estrategia se articula en torno a tres pilares complementarios. El primer pilar consiste en las Escuelas de Campo para Agricultores (ECAs), que promueven el aprendizaje práctico en temas como el manejo de plagas, la salud del suelo y la adaptación al cambio climático. El segundo es la implementación de parcelas demostrativas, en las que se comparan las prácticas tradicionales con alternativas mejoradas, facilitando decisiones informadas en campo. El tercero es la transferencia tecnológica de productor* a productor*, lo que refuerza el liderazgo local y consolida las redes de aprendizaje entre organizaciones.
Los avances del proyecto piloto hasta la fecha son alentadores: las y los productores involucrados ya están aplicando nuevas prácticas en sus fincas. Como parte del proceso de fortalecimiento de capacidades, se han implementado once escuelas de campo y se han establecido seis parcelas demostrativas: dos orientadas al manejo de tejidos y fertilización, dos para el control de plagas y enfermedades, y dos para la gestión empresarial de fincas. Asimismo, se han promovido cinco procesos de intercambio tecnológico a nivel regional de productor* a productor*, lo que ha reforzado el aprendizaje colectivo y la adopción de innovaciones.
Estos resultados muestran no solo mejoras productivas, sino también un fortalecimiento organizacional, que se refleja en una mayor interacción entre los socios, técnicos y cooperativas.


